Coenzima Q10: la molécula que mueve los electrones de tu energía
La coenzima Q10 es el acarreador que conecta los complejos I y II con el III dentro de tus mitocondrias. Sin ella no hay ATP. Te explicamos el mecanismo, por qué los niveles en tejido bajan con la edad, y qué diferencia hay entre ubiquinol y ubiquinona.

Cada latido y cada pensamiento tuyo se pagan con ATP, la moneda de energía de tus células. Para fabricarlo, tus mitocondrias dependen de una molécula pequeña, grasosa y poco famosa: la coenzima Q10. No es vitamina ni estimulante. Es un acarreador: recoge electrones en un punto y los suelta en otro, siempre dentro de una membrana. Sin ella, la línea de producción se atora. Aquí te explicamos qué hace, por qué su contenido en los tejidos baja con la edad y qué se ha medido de verdad.
Qué es la coenzima Q10
Químicamente tiene dos partes. Una cabeza de benzoquinona, que es la que agarra y suelta electrones, y una cola larga de diez unidades isoprenoides —de ahí el 10— que la vuelve extremadamente hidrofóbica[1]. Traducción: no se disuelve en agua. Vive clavada en las membranas grasas de la célula, sobre todo en la membrana interna de la mitocondria, aunque también la encuentras en la membrana plasmática, en el retículo y viajando en las lipoproteínas de tu sangre[1]. Tu cuerpo la fabrica; no dependes solo de la dieta.
Existe en dos formas que se convierten una en otra todo el tiempo: la ubiquinona, que es la forma oxidada, y el ubiquinol, la forma reducida que carga dos electrones extra. Ese vaivén entre ubiquinona y ubiquinol no es un detalle, es su trabajo: si el ciclo se detiene, la molécula deja de servir[2]. En una célula sana hay una reserva de estas moléculas deslizándose de lado a lado dentro de la membrana, lo que los bioquímicos llaman el pool de Q.
Cómo mueve electrones: de los complejos I y II al III
La cadena de transporte de electrones son cuatro complejos proteicos incrustados en la membrana interna mitocondrial. El complejo I recibe electrones del NADH que salió del ciclo de Krebs y de la oxidación de grasas —si quieres entender de dónde viene ese NADH, aquí explicamos el NAD+—. El complejo II los recibe del succinato. Los dos hacen lo mismo con la Q: le entregan electrones y la reducen a ubiquinol[2].
El ubiquinol cargado se desplaza por la membrana hasta el complejo III y ahí suelta su carga en una maniobra llamada ciclo Q, que vuelve a oxidarlo a ubiquinona, lista para otra ronda[2]. De ahí los electrones pasan al citocromo c, luego al complejo IV, y terminan en oxígeno, que se convierte en agua. Cada paso bombea protones hacia el espacio intermembranal y arma un gradiente eléctrico; la ATP sintasa deja que esos protones regresen y con esa fuerza construye el ATP[1].
El detalle que importa: los complejos I y II no se tocan con el III. El único que los conecta es el acarreador. Es el mesero entre la cocina y las mesas: sin él, da igual qué tan buena sea la cocina. Por eso una escasez marcada de Q10 en el tejido frena el flujo de electrones y, con él, la producción de ATP[1]. Para el panorama completo, revisa nuestro texto sobre las mitocondrias y el envejecimiento.
Su segundo trabajo: antioxidante dentro de la grasa
El ubiquinol es, además, uno de los pocos antioxidantes liposolubles que tu propio cuerpo fabrica, y vive justo donde se necesita: dentro de la membrana[1]. Cuando un radical libre ataca un lípido de membrana arranca una reacción en cadena: la peroxidación lipídica. El ubiquinol dona un electrón y corta esa cadena; además regenera la vitamina E gastada, devolviéndola a su forma activa[2]. La Q participa también en la síntesis de pirimidinas y en la defensa de la membrana contra la ferroptosis[1]. Nada de esto trabaja solo: es una red, y otro de sus nodos es el ácido alfa lipoico.
Lo que dice la investigación
El dato clásico sobre la edad viene de un trabajo sueco de 1989 que midió ubiquinona en tejidos humanos, de personas desde un día de nacidas hasta los 81 años. En pulmón, corazón, bazo, hígado y riñón el contenido llegó a su máximo alrededor de los 20 años y de ahí bajó de forma continua; en páncreas y suprarrenal el pico fue todavía antes, al año de edad[3]. Parte de la explicación está en cómo se fabrica: la cola isoprenoide se arma en la vía del mevalonato, la misma que produce colesterol, y depende de una decena de enzimas que también cambian con los años[1]. Ese cruce explica un dato que a veces se malinterpreta: las estatinas inhiben la HMG-CoA reductasa, un paso temprano de esa misma vía[1]. Si tú las tomas, no muevas nada por tu cuenta: coméntalo con tu médico.
La pregunta práctica más frecuente es ubiquinol o ubiquinona. Un ensayo cruzado doble ciego dio a 10 hombres mayores 200 mg diarios de cada forma durante 2 semanas, con 2 semanas de lavado entre una y otra. Con ubiquinol el CoQ10 total en plasma subió alrededor de 1.5 veces, mientras que con ubiquinona los aumentos no alcanzaron significancia estadística; 6 de los 10 participantes respondieron mejor al ubiquinol y 2 a la ubiquinona[5]. Ojo con el otro resultado: ninguna de las dos formas movió los marcadores de estrés oxidativo que midieron[5]. Son 10 personas y dos semanas. Apunta en una dirección, no cierra el tema.
La otra mitad del asunto es la absorción. Al ser una molécula grande y liposoluble, la Q10 se absorbe en el intestino delgado por la misma ruta que las grasas —sales biliares, micelas— y viaja por la linfa antes de llegar a la sangre[6]. Por eso tomarla con una comida que tenga grasa cambia el resultado. La formulación pesa igual: cuando el polvo cristalino no viene dispersado en aceite, la biodisponibilidad puede caer hasta 75%[6]. En cantidades, la investigación en adultos se ha movido casi siempre entre 100 y 300 mg al día[4].
Qué ganas en tu día a día
- Mantener bien surtido el pool de Q en tus membranas se asocia con un flujo de electrones más estable, y ese flujo es el que sostiene tu producción de ATP.
- Un antioxidante liposoluble presente dentro de la membrana puede apoyar su integridad frente a la peroxidación lipídica.
- Como el ubiquinol regenera vitamina E, la red antioxidante tiende a trabajar mejor en conjunto que por piezas sueltas.
- Acompañar tus nutrientes liposolubles con grasa real —aceite de oliva, aguacate, huevo— tiende a mejorar cuánto absorbes de ellos.
- Los tejidos que más dependen de esta maquinaria son los que más energía gastan: corazón, músculo y cerebro. El hábito de moverte se asocia con mejor función mitocondrial en esos tejidos.
Cómo aplicarlo
- Tómala con una comida que tenga grasa. En ayunas la absorción es claramente peor por la ruta linfática que usa[6].
- El rango más usado en investigación con adultos es de 100 a 300 mg al día; si la cantidad es alta, repartirla en dos tomas es lo habitual[4].
- Revisa la forma. En adultos mayores, el ubiquinol levantó más el CoQ10 plasmático que la ubiquinona en el ensayo cruzado descrito arriba[5].
- Revisa la presentación: que venga dispersa en aceite (cápsula blanda o suspensión) y no como polvo cristalino suelto[6].
- Dale tiempo. Los estudios que midieron cambios en plasma trabajaron con semanas, no con días[5].
- Si tomas estatinas, anticoagulantes o cualquier medicamento crónico, consúltalo con tu médico antes de agregar algo nuevo.
Cómo leerlo objetivamente
La bioenergética de la Q10 está firme: que acarrea electrones de los complejos I y II al III no está en discusión[1][2]. Lo que sigue abierto es otra cosa: cuánto cambia suplementarla en una persona sana. Subir el CoQ10 en plasma es fácil de medir; subirlo dentro del tejido, que es donde de verdad trabaja, es harina de otro costal y la evidencia ahí es mucho más limitada[4]. Súmale que buena parte de los ensayos son pequeños, de pocas semanas y con formulaciones distintas entre sí. Léelo como una pieza más de tu contexto —sueño, entrenamiento, comida— y no como el interruptor que lo decide todo.
Este contenido es de divulgación científica y tiene fines informativos. No constituye consejo médico ni sustituye la consulta con un profesional de la salud.
Referencias
Información recuperada de PubMed.
- Wang Y, Lilienfeldt N, Hekimi S. Understanding coenzyme Q. Physiological Reviews. 2024;104(4):1533-1610. DOI
- Mantle D, Dewsbury M, Hargreaves IP. The Ubiquinone-Ubiquinol Redox Cycle and Its Clinical Consequences: An Overview. International Journal of Molecular Sciences. 2024;25(12):6765. DOI
- Kalén A, Appelkvist EL, Dallner G. Age-related changes in the lipid compositions of rat and human tissues. Lipids. 1989;24(7):579-584. DOI
- Hernández-Camacho JD, Bernier M, López-Lluch G, Navas P. Coenzyme Q10 Supplementation in Aging and Disease. Frontiers in Physiology. 2018;9:44. DOI
- Zhang Y, Liu J, Chen XQ, Chen CYO. Ubiquinol is superior to ubiquinone to enhance Coenzyme Q10 status in older men. Food & Function. 2018;9(11):5653-5659. DOI
- Mantle D, Dybring A. Bioavailability of Coenzyme Q10: An Overview of the Absorption Process and Subsequent Metabolism. Antioxidants. 2020;9(5):386. DOI
También te puede interesar
Ver todo Research →Ácido Alfa Lipoico: el antioxidante universal (y cofactor de tus mitocondrias)
El Ácido Alfa Lipoico es el único antioxidante que trabaja en agua y en grasa, recicla a la vitamina C, la E y…
Leer →Misma molécula · Ácido Alfa LipoicoALA vs vitamina C y E: en qué se diferencian los antioxidantes
ALA, vitamina C y vitamina E dicen "antioxidante", pero no son lo mismo. Aquí comparamos solubilidad, dónde ac…
Leer →Mismo tema · LongevidadMitocondrias: las centrales de energía que envejecen contigo
Dentro de cada célula hay cientos de diminutas plantas de energía. Con los años pierden eficiencia, y la cienc…
Leer →